
Desde que estábamos muy pequeños, los abuelitos nos contaban historias de miedo que incluían personajes raros y míticos, eran tan bien relatadas que no se distinguía el limite entre la realidad y la ficción, y además, estos seres tan adorables, apapachables y cariñosos, los abuelos, contaban historias que les habían sucedido a ellos en la niñez y que querían transmitir de generación en generación; pues bien, hoy les queremos contar no una de esas historias antiguas que sucedían en grandes fincas y cañaduzales, no, sino una historia de ahora, de este presente, pero eso si, el protagonista si es un pequeño ser, que se ha oído nombrar desde que tenemos memoria. Este es el duende.
Bien, dejémonos de preámbulos y vamos a relatar….. Maria del C, una pelada bonita, de tez canela, pelo castaño muy largo, facciones definidas y coqueto reír, se encontraba en su casa alistando su cama para reposar por fin, de un dia de universidad muy cargado. Debía ser un lunes, porque aunque estaba cansada, tenia energías para el resto de la semana. Maria del C, se acostó a dormir y muy tranquila entró en el sueño profundo de las 2 de la mañana. Pero ese sueño profundo no duró mucho, pues sintió el rechinar de la puerta de su cuarto, abrió los ojos y se acordó que no le había echado 3 en 1 a las bisagras de la puerta de su cuarto, se dio la vuelta y volvió a cerrar los ojos. Pero inmediatamente cayo en la cuenta del sonido que había escuchado segundos antes y sintió que por las venas no le corría sangre sino hielo.
Maria del C estaba segura de haber cerrado su puerta con seguro, así que alguien debió haber abierto la puerta, pero quien?, estaba sola esa noche en el apartamento. ¿los ladrones?, ¿un violador?, ¿un vecino malintencionado?, ¿un portero? O simplemente su imaginación. Maria del C estaba tan asustada que aunque hubiera querido pararse a correr o gritar a todo pulmón, no lo habría logrado. No le quedó de otra que esperar, y mientras lo hacía, su respiración se volvía tan imperceptible que hasta el sonido de la primera gota de lluvia sobre el césped se hubiera oído tan estridente como un trueno. Ella no sabia si abrir los ojos o hacerse la dormida, pero pensó de una manera tan inteligente que hizo las dos cosas a la misma vez: por el rabillo de su ojo derecho observaba mas su cuerpo se mantenía intacto como una estatua.
Había transcurrido por lo menos medio minuto desde el rechinar de la puerta y Maria del C no podía ver nada todavía, esperó un segundo mas cuando sus reflejos observaron que algo se movía a la altura de la cama frente a sus narices. Se detuvo su respiración y abrió mas su ojo para no seguir observando por el rabillo sino por su ojo completo y quedo aterrada. ¡Todo era cierto!, no lo podía creer, era un hombrecillo de cara muy dura para ser un niño y de contextura muy fina para ser un hombre. Con un sombrero grande que no dejaba que sus ojos se asomaran, vestiduras oscuras y un poco harapientas, zapatos grandes y puntudos que tapaban unos pies menudos. Maria del C observo con detalle a este extraño ser del cual ya había oído hablar, pero nunca se imagino conocer; y el tiempo de admiración fue justo porque este hombrecillo sintió la mirada fija de Maria del C y saco de su bolsillo algo que Maria del C no distinguió, nunca supo que era lo que este sujeto escondía en su bolsillo, pues con una sonrisa burlona de dientes amarillos fue despedida de nuevo a la profundidad de su sueño.
Lo ultimo que recuerda Maria del C fue que este ser soplo su mano como cuando soplamos una pluma, y le arrojó un polvillo brillante que la adormeció durante toda la semana.
Podemos dudar de esta historia, pensar que nuestros abuelitos tenian muy buena imaginación, creer que todo fue parte de un sueño, pero Maria del C está segura de haber conocido esa noche al personaje tan célebre y recordado por nuestros abuelos: El duende.